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SARTENEJA · NUESTRA HISTORIA HECHA SALSA

Abril de 2013, había vuelto a casa para pasar las vacaciones de Semana Santa. Mi padre convocó a la familia, mi madre y yo, en el que por aquel entonces era el centro de reuniones, el salón de casa.

Aún recuerdo nuestras caras de emoción cuando nos confesó la noticia que tanto tiempo llevaba rumiando, con ese gusanillo que nos pica cuando pensamos que tenemos algo realmente bueno y queremos compartirlo con el mundo. Acababa de nacer Cortijo de Sarteneja. Y he de reconocer que por aquel entonces no éramos conscientes de lo que nos traíamos entre manos.

En aquella etapa yo vivía en Londres, después de terminar la carrera de arquitectura. Entendí que era necesario comenzar esa nueva etapa lejos de casa para aprender, vivir experiencias, empaparme de otras culturas… Y a principios de 2012 comenzó el viaje. Cuando aterricé no sabía qué me iba a deparar aquella aventura, pero sí comprendí que estaba desarrollando mi propia visión del mundo como arquitecto. Pude compaginar mis estudios de inglés con trabajos como diseñador junto a esas vivencias que serían la base de mi futuro profesional, lo que hoy es Cortijo de Sarteneja.

Cuando la familia aceptó la propuesta -lo cierto es que no supimos negarnos a algo tan emocionante-, comenzamos a vertebrar este proyecto; y es que no cabe duda de que Cortijo de Sarteneja tiene la visión de la arquitectura en su ADN. Los inicios nos llevaron a trabajar entre Badajoz y Londres en nuestro primer producto, que se ha convertido en el producto emblema de la marca: TOMATE FRITO. Es una receta que aprendimos en Sarteneja, el cortijo de mis abuelos, situado en una tierra de regadío donde, desde hace décadas, se cultiva el tomate. Por las mañanas, antes de la llegada del calor, salíamos a recoger algunos tomates que, después, mi abuela preparaba de muchas formas: en sopa, picadillos, con un chorrito de aceite de oliva o simplemente frito, mi preferido.

Cuando pensamos en buenos momentos solemos asociarlos a sabores y sensaciones: una reunión con amigos y un buen vino, o una comida familiar o en pareja alrededor del fuego. Quizás, por eso, uno de los instantes que con más cariño guardo de mi infancia es el olor que se desprendía de la cocina de mi abuela durante aquellos veranos que pasábamos junto a ella y mi abuelo en el campo.

Finalmente, en Julio de 2013 regreso a Badajoz para iniciar lo que sería nuestra primera campaña. La verdadera prueba de fuego, todo aquello por lo que estábamos luchando acababa de ponerse en marcha. Y es que, algo que hemos aprendido a lo largo de los años, es que no hay un único comienzo, sino muchos comienzos diferentes de un mismo proyecto. Fue entonces cuando lanzamos lo que para nosotros es el mejor tomate frito, que nació con el objetivo de ser referente en un mercado dominado por marcas industriales de gran consumo; algo tan sencillo como difícil de encontrar: una salsa de tomate frito sin azúcar.

Hoy, casi una década después, mantenemos el mismo objetivo; continuamos trabajando con productos que reflejan esa voluntad de mantener nuestra tradición sin renunciar a lo innovador.

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